lunes, 3 de enero de 2011

Invasores en España

Tortugas de florida en una de las charcas de Exotarium
Miles de personas han tenido, de niños, una tortuguita dentro de una triste pecera transparente con una pequeña palmera de plástico. La mayoría de ellos lo lograron después de meses pidiendo a sus padres un animal y teniendo el cuenta que las ofertas con este tipo de especies son muy tentadoras: Pack tortuga + tortuguera + alimento = menos de 30 euros. Lo que pocos de ellos saben es que con un mantenimiento tan deficiente muchas de ellas sufrirán durante meses para acabar muriendo a manos de un niño caprichoso y unos "adultos" poco responsables. Las pocas que logren sobrevivir crecerán y pronto no cabrán dentro de ese ridículo trozo de plástico. ¿Qué hacer entonces con la tortuga?. Efectivamente, la idea general de que en libertad será feliz es lo que nos ha llevado a la situación en la que estamos ahora. Una plaga de tortugas de florida (Trachemys spp) que desplazan poco a poco a las especies autóctonas y que devoran a cualquier animal, planta o cosa que pase por delante de ellas.



Esto puede aplicarse a muchos de los animales que podemos ver en nuestros parques y que consideramos ya habituales en nuestro país. Un claro ejemplo son las cotorras argentinas (Myopsitta monachus), que han colonizado los arboles de toda España. ¿Cómo llegaron hasta aquí?, muy sencillo:
 - ¡Papá, mira que pájaro tan bonito!¡cómprame un loro, le enseñaré a hablar!. ¡Yo los limpiaré y les pondré la comida!
Al día siguiente hay dos preciosas cotorras dentro de una jaula, demasiado pequeña en la mayoría de los casos. Los animales, confinados en un espacio ínfimo y sin mas distracción que la de su compañero (si acaso lo tiene) dedica su tiempo a vocalizar, algo típico en estas especies, pero no de la forma que sus nuevos dueños desean. Con el paso de los días los gritos constantes comienzan a molestar demasiado en casa y si con las tortugas el único trabajo para librarse de la "molestia" era conducir el coche hasta el río-lago-estanque mas cercano en este caso basta con abrir la puerta de su prisión y ver, sonriendo, como se aleja volando el problema.




Iguanas adultas rescatadas por Exotarium
¿Creeis que se acaba aquí?. Os equivocais rotundamente. El mercado de mascotas exóticas es un negocio floreciente que deja miles de millones de euros, llegándose a comparar con el mercado de armas y de drogas. En sus países de orígen se esquilman las poblaciones de todo ser viviente para ser vendido en los países ricos, donde cualquier individuo con unos pocos euros puede comprar desde una serpiente de cascabel pasando por una tortuga mordedora, un mono tití o un caimán de anteojos. ¿El final de muchos de ellos? os lo podeis imaginar. Anualmente se recogen cientos de animales abandonados en los parques, entre los que destacan las iguanas, muy baratas en el mercado, pero que poca gente sabe cuidar correctamente, desconociendo el enorme tamaño que llegan a alcanzar si tienen la suerte de sobrevivir.



Hamtaro, mapache recogido por Exotarium.

Os preguntareis ¿porqué en las tiendas no informan de los cuidados?. Muy simple, dinero, dinero, dinero. El pack de la tortuga que comentaba antes vale 15 euros, un precio muy razonable para un padre que quiere dejar de escuchar las insistentes peticiones de su hijo. El precio del material que necesita realmente este animal puede rondar los 150 euros entre acuario, calentador, iluminación, comida...algo bastante menos asequible al bolsillo de mucha gente.
Con otras muchs especies la falta de información se debe, simplemente, a que la realidad no es tan bonita como parece. En los últimos años mamíferos como los mapaches, los kinkajues o los coaties se han puesto de moda y la gente los adquiere como si de un perro o un gato se tratara. Sin embargo, lo que los criadores y vendedores no cuentan es que ese adorable cachorro se convertirá, en pocos meses, en un animal grande y fuerte, con un caracter arisco y no siempre demasiado sociable con las personas. Es ahí cuando los ingenuos o irresponsables dueños se dan cuenta que no pueden seguir manteniéndolo en una pequeña jaula dentro de un piso en el centro de una ciudad.
 

Nota: A pesar de que cada vez se compran y se abandonan más mascotas exóticas en España, las administraciones siguen sin hacer nada. En 2010 la Comunidad de Madrid retiró la subvención con la que sobrevivía Exotarium, uno de los pocos centros en España que se encargaba de recoger y dar una "buena vida" a todos estos animales, dirigido por el naturalista Luis Miguel Domínguez. Actualmente, y debido a la falta de sitios donde mantenerlos, todos los animales exóticos que se salvarían con un poco de concienciación y un pequeño esfuerzo por parte de los políticos son sacrificados. Además las comunidades realizan periódicamente campañas de "limpieza" en parques, ríos, pantanos... para eliminar esos animales que no "conviene" ignorar pero cuyo mercado tampoco interesa controlar.

Caimán en Exotarium, fué entregado por un particular que prefirió no informarse antes de comprarlo

Pikachu, apareció abandonado en la Albufera de Valencia


Uno de los kinkajus de Exotarium durante la hora de la comida
 


2 comentarios:

  1. Alucinante lo de pikachu. Increíble que tengan eso en España, y más aún que lo abandonen en la albufera.

    No entendemos cómo permiten a las tiendas vender no sólo ya estos mamíferos tan exóticos, sino las mismas tortugas de Florida. Deberían estar prohibidas. Es un delito ecológico continuo permitido por las autoridades.

    Que las prohiban y vendan en cambio galápago europeo y galápago leproso, que son nuestras especies ibéricas autóctonas. Así todos ganan (criadores, distribuidores, ecosistema...)

    Por cierto, qué opinas del picudo rojo. Eso es un problema grave, grave, sufrido en propias carnes:

    http://naturalspain.blogspot.com/2011/01/la-plaga-picudo-rojo.html

    Saludos, Amaya!

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  2. Es una pena, las tiendas siguen vendiendo sin ningún tipo de control y los gobiernos se limitan (como en Andalucía y próximamente en Madrid) a ilegalizar su tenencia, pero para nada se les pasa por la cabeza prohibir a los particulares y comerciantes criar y vender a su antojo.

    Lo del picudo rojo es otro problema bien gordo. La verdad que no conozco bien la especie, aquí en Madrid hay pocas palmeras y no he oído ningún caso de plaga (aún). De todos modos por lo que he leído hasta ahora veo muy complicado su control. De todos modos, aunque se llegase a controlar, el daño que ha producido ya tardará años en repararse...

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